Si no se puede bailar tampoco es mi revolución

Hace un par de años estuve en una charla en una okupa ya desaparecida. La charla versaba sobre las leyes mordaza y su aplicación poco antes de que entraran en vigor. En ella varias personas contaban sus experiencias y las penas de cárcel a las que se enfrentaban en diferentes causas. Uno por ser un fotoperiodista incómodo para la policía, otro por haberse encaramado a una máquina de obra con la que iban a demoler la vivienda de una familia en la calle Ofelia Nieto de Madrid. Al terminar la charla nos dispusimos a cenar para recaudar dinero para las multas de otros activistas. Con un nudo en el estómago no era sencillo tragar nada, así que pusieron música y la gente empezó a bailar. Recuerdo mirar como bailaban las personas que media hora antes habían estado contando cómo les habían detenido, cómo le acosaba la policía… y ahí estaban, a tope con el ska, dando botes por la sala, con una cara de felicidad que a uno se le pasaba toda la preocupación.

Ayer, domingo 26 de marzo, se cumplían dos años de la aprobación de las leyes mordaza y el colectivo #NoSomosDelito convocó una rueda de prensa en la Plaza de Callao. Ahí estuvieron hablando activistas de la PAH, GreenPeace, DRY, Ecologistas en Acción, SOS Racismo, Yayoflautas y otros. Escuchando la rueda de prensa había gente que se ha enfrentado a multas de 3.000€ por manifestarse en la calle, gente que “está financiando al estado” de tantas multas que le han puesto por ocupar sedes bancarias y obstaculizar desahucios, gente que se ha jugado el tipo colándose en un edificio de 30 plantas para desplegar una pancarta en defensa de la libertad de expresión, gente que se moviliza día si y día también más allá de lo que le permiten las fuerzas y el bolsillo, ancianos a los que ha zarandeado la policía por gritar contra la Espe. Al terminar la rueda de prensa pusieron música y empezamos a bailar. Todos los que estábamos ahí llevábamos la boca amordazada y empezamos a bailar frente a la policía. La gente se paraba a preguntarnos, los turistas se unían al baile y se marcaban pasos con los activistas. A fin de cuentas, después de casi cuatro años de movilización y decenas de manifestaciones unitarias cortando la Gran Vía u ocupando espacios sin comunicar en Sol, Preciados u Ópera, convocando ruedas de prensa frente al Congreso sabedores de que íban a ser multados como así pasó, aquella era la mejor forma de visibilizar que las leyes represivas no nos van a quitar la alegría.

Hoy me he cruzado con varios comentarios ya clásicos. Que si “uy, el gobierno estará temblando por ese baile” que si “menos batucada y más barricada” y otros comentarios igual de profundos y que han analizado los orígenes de la movilización y la trayectoria del colectivo concienzudamente en base a un titular de prensa.

Efectivamente criticar es grátis, pero estoy deseando cruzarme con alguno de estos popes de “así no se hacen las manifestaciones” en una manifestación, en un piquete de una huelga o en una okupación. Que si, que menos batucada, pero no les he visto apilando cascotes para hacer una barricada en la calle de Alcalá.